Barocci en la National Gallery

En la National Gallery de Londres se puede visitar del 27 de febrero al 19 de mayo, la exposición Barocci: Brilliance and Grace (Barocci: Brillantez y Gracia o quizá se debería traducir por Genialidad y Elegancia).

Es una exposición muy interesante en muchos aspectos, se “redescubre” la figura de Barocci, un pintor no suficientemente apreciado por la historia del arte, se estudian sus aportaciones e importancia, se pueden ver sus grandes obras sin tener que recorrer la región de las Marcas (Le Marche) en Italia, y nos permite conocer su laborioso proceso de trabajo.

Federico Barocci (1535-1612), un artista sumamente respetado en su época, combinó la belleza del Alto Renacimiento con el dinamismo del Barroco, fue el heredero de Rafael y precursor de Caravaggio. La mayoría de las obras más importantes de Barocci las realizó en su región natal de Le Marche donde han permanecido hasta ahora. Por este motivo su nombre no ha adquirido el amplio reconocimiento de sus antecesores como Rafael o Miguel Ángel, o sucesores, como Rubens, quien, junto a otros artistas barrocos, se inspiraron en su paleta cromática, la expresividad de sus composiciones y sus técnicas innovadoras.

Otra de las causas de su relativo desconocimiento fue el hecho de que no era un pintor muy prolífico, tuvo una salud muy delicada, se cree que debido a un envenenamiento. Parece ser que durante su segunda estancia en Roma, cuando era un pintor joven que se estaba formando con varios de los pintores romanos más prominentes, tras su participación en un fresco del Vaticano para el papa Pío IV, habría sido envenenado por algún rival celoso, en el transcurso de una comida al aire libre. La dolencia le llevaría a retirarse a Urbino de donde no se movería. Las secuelas de la enfermedad le duraron el resto de su vida y no podía trabajar más de dos horas al día en los grandes lienzos, pero lo compensaba con la meticulosa preparación de sus obras con decenas de estudios.

Ya en su obra más temprana, comenzó a cuestionar la convención pictórica al colocar sus figuras en composiciones espaciales dinámicas, anticipando en casi medio siglo algunas innovaciones del arte barroco. Barocci dibujó de manera incesante, hasta el extremo de la obsesión, ya que preparaba cada composición con muchos estudios y utilizando todos los medios posibles (dibujo, pastel, bocetos al óleo).

Entre las obras de la exposición sobresalen el retablo más espectacular de Barocci, El entierro de Cristo, procedente de Senigallia, y La última cena, pintada para la catedral de Urbino. Ninguna de estas dos obras había salido antes de Italia. Además de otras grandes pinturas de altar, en la exposición se pueden ver retratos, una pintura mitológica, y sobretodo más de 65 estudios preparatorios.