Connoisseurship (y 2)

El “connoisseurship” se aprende mirando con detenimiento pinturas, mejor, muchísimas pinturas, y no se puede aprender en clase. Desafortunadamente la mayoría de historiadores del arte y estudiantes parece que exclusivamente estudian en las aulas hoy en día. Se aprende viendo muchas pinturas y continuamente. Ha pasado de moda en el mundo de la historia del arte, y a resultas de ello, actividades como realizar catálogos razonados hoy son infravaloradas.

Desde los años 70 en la disciplina de la historia del arte hay una reacción contra no solo el “connoisseurship”, también contra todas las atribuciones basadas en evidencias visuales, y contra el estudio de las obras de arte por si mismas. En esencia lo que se piensa es que el estudio del objeto, sea una pintura o una escultura, es menos importante que el estudio de su contexto histórico. Algunos historiadores han ido tan lejos como declarar la noción de autoría como irrelevante, siguiendo la tendencia de los historiadores de alejarse del estudio de lo individual. Para ellos lo importante son las impenetrables e imposibles de probar teorías sobre el contexto social.

Como resultado, tanto la historia del arte como la historia, como disciplinas, cada vez están más centradas en la identificación de otros elementos que determinan las “consecuencias” de la historia del arte, elementos económicos, sociales o de género, en una búsqueda de la generalización. Y como el “connoisseurship” implica inevitablemente un estudio biográfico detallado de un artista individual, el “connoisseurship” hoy en día no es muy valorado. El cambio de énfasis en la historia y en la historia del arte se refleja en la historiografía, los historiadores modernos escriben menos biografías, y los historiadores del arte escriben menos catálogos razonados.

Por supuesto si menos historiadores son “connoisseurs”, la consecuencia lógica es que menos estudiantes de historia (los conservadores, profesores, especialistas de casas de subastas del futuro) pueden aprenden esta habilidad. Esto hace que hayan muchas oportunidades de encontrar pinturas mal catalogadas en subastas, y que en incluso en muchos museos a veces se atribuyan obras erróneamente.

Max J. Friedländer en el centro

No obstante hay algunas señales de que el péndulo vuelve a moverse a favor del “connoisseurship”, por lo menos en algunos historiadores del arte. Los métodos de análisis modernos hoy pueden ayudar mucho al estudio de la autoría de las obras, son unas armas que no poseían los entendidos de hace años que se basaban en la intuición, en una habilidad casi instintiva para atribuir pinturas. Lo que en parte había dado cierta mala fama al “connoisseurship”. En 1939 el famoso historiador del arte Max Friedländer (máximo especialista la primera mitad del siglo XX en pintura antigua flamenca) escribió: “La manera en que se llega a un veredicto intuitivo, por la naturaleza de las cosas, sólo puede ser descrito inadecuadamente. Me enseñan una pintura. Le hecho un vistazo, y declaro que es una obra de Memling, sin haber procedido a un examen de toda la complejidad de su forma artística. Esta certeza interior sólo se puede obtener a partir de la impresión de la totalidad; nunca del análisis de las formas visibles”. No es extraño que sólo la mitad de las atribuciones de Friedländer hayan aguantado el paso del tiempo.

Ahora la ciencia nos ayuda a ser mucho más precisos. Pero las pruebas científicas sólo nos ayudan a descartar atribuciones, los análisis nunca nos podrán asegurar que una obra fue pintada por tal artista, al final se necesita el ojo experto del “connoisser”.

La autoría de las obras importa, porque la gente (el público interesado que acude a los museos) realmente quieren saber quien creó esa pintura y no les importa que los historiadores les repitan una y otra vez que es irrelevante. Después de todo, dos de los propósitos fundamentales del trabajo de los museos es preservar el patrimonio e informar con exactitud al público sobre las obras de arte que están mirando.

La autoría para nosotros como galería es fundamental, cuando alguien compra una obra quiere saber quien es el autor, y el precio cambia de un pintor a otro y si es una obra del círculo del artista, del taller o de un seguidor.

En definitiva el “connoisseurship” importa pues se trata de observar las pinturas muy cuidadosamente y muy de cerca, hasta llegar a reconocer ciertas características en ellas. Este proceso básico nos puede ayudar a aprender mucho, mucho más que simplemente quien pintó ese cuadro y cuando. Pero si no hacemos esto primero, el resto de cosas que hacen los historiadores del arte, desde la contextualización a la interpretación, no se aguanta, se desmorona porque no conocemos las obras de las que estamos hablando. Es por eso que el “connoisseurship” importa tanto.