Exportación de bienes culturales

La semana pasada se supo que el gobierno Británico había aplazado temporalmente la licencia de exportación de dos obras de George Stubbs: “The Kangaroo”  y “Dingo” para dar tiempo a que se haga una oferta de compra y así las obras se queden en el Reino Unido. Esta noticia tiene relación con lo que escribíamos en nuestro último post sobre la posible exportación de dos obras de Goya para ser subastadas en el extranjero.

 

En el Reino Unido, a diferencia de España, la licencia de exportación se concede a todas las obras y solo unas pocas que se consideran de una excepcional importancia nacional, son objeto de estudio por el Reviewing Committee on the Export of Works of Art and Objects of Cultural Interest, que es quien dictamina si la obra es de una importancia excepcional, por su historia, su valor estético o su importancia para el estudio del arte. Si el comité entiende que cumple los criterios para ser una obra de importancia nacional, aplaza la concesión de la licencia para que se pueda encontrar un comprador (normalmente un museo o institución pública) dentro del Reino Unido y la obra no se vaya al extranjero. Si al final no se encuentran fondos para comprar la obra, se le concede la licencia y puede ser vendida a un comprador de fuera del país. Este es el mecanismo que empleó el Reino Unido para comprar las dos obras de Ticiano: “Diana y Acteón“ y “Diana y Calisto”  propiedad del duque de Sutherland, que fueron adquiridas por la National gallery y las National galleries of Scottland con la ayuda de fundaciones y donaciones particulares. También es el método que se empleó para intentar que no saliera del país la obra de Picasso: “Niño con una paloma” de 1901, pero con menos fortuna, ya que no se pudieron reunir los fondos y al final la obra se fue al extranjero.

Claro que el ánimo de la legislación británica es: “dar una oportunidad para que puedan retenerse en el país los bienes culturales considerados de excepcional importancia nacional. El sistema está diseñado para lograr un equilibrio, de la forma más justa posible, entre los diversos intereses que chocan en cualquier solicitud de exportación: la protección del patrimonio nacional; los derechos del propietario que vende los bienes; el exportador o comprador extranjero; y la posición y reputación del Reino Unido como mercado internacional del arte” (traducido de la guía para la exportación del Art Council).

La legislación española, como ya comentamos, es mucho más restrictiva y cualquier obra de más de 100 años puede declararse inexportable sin que el Estado tenga la mas mínima intención de adquirirla (o aprovechando que no puede exportarse, adquirir la obra a un precio muy inferior al del mercado internacional). Está claro que nuestra legislación no presta mucha atención a los derechos del propietario ni a los del comprador extranjero, y por supuesto no se ha planteado nunca que España pueda llegar a ser un país de referencia en el mercado internacional del arte. La idea que subyace en nuestra legislación es que somos un país pequeño y pobre, objeto de la expoliación por las grandes potencias económicas.

El Reino Unido, gracias en parte a estas políticas, tiene una cuota de un 22% del mercado mundial del arte y las antigüedades, la cuota de Estados Unidos es del 29% y la de España ni de lejos llega al 1% siendo superada por países como Holanda.