Joan Reixach. María Magdalena

De vez en cuando publicaremos en nuestro blog escritos de expertos sobre alguna de las obras de la galería. En esta entrada, Mª Antonia Alsina escribe sobre una magnífica tabla de Joan Reixach:

Joan Reixach.
Santa María Magdalena.
Temple de huevo y oro sobre madera de pino.
 97 x 59 cm.
Valencia: ca. 1460

 

A finales del siglo XIV y a principios del siglo XV Valencia se convirtió en uno de los centros urbanos más importantes de la España medieval en materia de recepción, no solo de mercancías, sino también de nuevas corrientes artísticas. Este hecho se debió a la llegada de maestros pintores de diferentes territorios de Europa, entre los cuales destaca Flandes como uno de los principales centros de producción en materia artística como lo confirma el hecho que entre los años 1390 y 1410 llegara a Valencia Marçal de Sas, pintor formado en el entorno de la ciudad de Gante. Posteriormente la singularidad e innovación de la pintura flamenca tuvo una gran propagación y recepción en la capital del Turia, como se puede apreciar en la obra del pintor valenciano Jaume Baço, llamado Jacomart (ca. 1410 – 1461), quien las adoptó con gran éxito en la década de 1440. Como consecuencia la pintura flamenca contagió la mayor parte de los talleres valencianos de pintura. El principal receptor de esta nueva corriente, además de Jacomart, fue Joan Reixach (documentado entre 1431 y 1482), colaborador y ayudante de dicho maestro. A partir de estos dos pintores la relación entre la pintura gótica valenciana y la flamenca se intensificó, originando un arte de gran calidad que se hizo eco de las novedades que los hermanos Van Eyck, – activos principalmente en Gante y Brujas-, introdujeron en obras como la tabla de San Francisco recibiendo los estigmas (1427) -fig.1-, pintada por Jan Van Eyck.  Uno de los ejemplares de esta pintura que se conserva actualmente en la Galleria Sabauda de Torino y en el Philadelphia Museum of Fine Arts, posiblemente formó parte de los bienes de Joan Reixach. Pero por encima de todas las pinturas flamencas, próximas a 1430 que sirvieron de modelo de inspiración se ha de situar El políptico de la adoración del Cordero místico (1432) – fig.2 – conservado en la Catedral de San Bavón de Gante.

Fig. 1. Jan van Eyck. San Francisco recibiendo los estigmas (1427). Torino, Galleria Sabauda.

Fig. 2. Jan y Hubert van Eyck. Políptico de la adoración del Cordero Místico. Gante, Iglesia de San Bavón.

Joan Reixach conocedor en primera persona de las novedades de la pintura flamenca y consciente de las posibilidades técnicas de ésta, las adoptó y adaptó a las demandas de la sociedad valenciana de su tiempo. Entre 1460 y 1484 este pintor lideró uno de los talleres más importantes de la pintura valenciana del siglo XV, realizando un gran número de retablos, caracterizados por la síntesis de los esquemas flamencos.

Un buen ejemplo para reconocer esta adopción temprana de los nuevos modelos en la pintura valenciana del siglo XV es la tabla de galería Bernat, la cual muestra la figura de María Magdalena portando en la mano el tarro de ungüentos y vestida con la indumentaria de una joven penitente, ennoblecida con una lujosa capa y  situada en el centro de un paisaje rocoso, eremítico, que recuerda la geografía mediterránea, extraída de los modelos de Van Eyck.

La recepción prematura de los esquemas procedentes de los Países Bajos, se puede apreciar claramente en la representación de un profundo paisaje natural y urbano, visto a partir de una amplia perspectiva, que se muestra mediante una vista lejana, en la que predomina la presencia de María Magdalena. Joan Reixach adaptó esta nueva concepción paisajística al gusto del público valenciano con la aplicación de un fondo dorado y punzonado a modo de ramillete de uva, característico de su taller y propio de la pintura gótica valenciana de mitad del siglo XV.

En este caso, el paisaje muestra una incipiente influencia flamenca,  ya que se quiere representar a partir de la combinación de un primer plano -con todo lujo de detalles naturalísticos y vegetales- y un fondo con la representación de vistas urbanas lejanas con una técnica de gran virtuosismo. Así pues, la adopción de las diferentes técnicas flamencas se puede observar en un primer momento  en el paisaje rocoso y agreste y en las pequeñas plantas y flores silvestres que rodean la santa, las cuales son fácilmente relacionables con las que aparecen en la tabla de la Estigmatización de san Francisco que pintó Jan van Eyck. En un segundo plano, separado del primero con una laguna o río, Joan Reixach muestra el perfil de una ciudad genérica pero con características típicas de una ciudad flamenca (tales como Brujas o Gante), de la que se aprecian las torres y agujas de los edificios de mayor importancia.

Como figura central de los dos registros paisajísticos, aparece la figura de María Magdalena a mayor escala y atrayendo la atención del espectador.

El personaje de María Magdalena desde el principio del cristianismo ha resultado altamente enigmático y sugerente. En el Evangelio de Lucas (Lc 7, 36-50) aparece como una mujer pecadora que llevando un bote de ungüentos se arrodilló delante de los pies de Cristo, lavándoselos con sus lágrimas, secándoselos con sus cabellos y ungiéndolos con ricos aceites.

Mateo (Mt 26, 6-13), Marcos (Mr 14, 3-9) y Juan (Jn 20, 11-18) también presentan el episodio en que María Magdalena ungió los pies de Cristo con nardo – cuyo aceite era un producto de elevado precio- y le enjuagó los pies con sus largos cabellos mientras cenaba en casa de Lázaro en Betania.

Además es Juan quien relata como Cristo se apareció a Magdalena después de haber resucitado, siendo la primera en anunciar el milagro a los apóstoles.

A partir de los pasajes dedicados a María Magdalena en el Nuevo Testamento, se configuró una determinada hagiografía que se extendió y difundió gracias a la obra que escribió Jacoppo da Varazze (obispo de Génova), a mediados de siglo XIII conocida como Legenda Aurea, en la cual se describía la vida de santos y mártires cristianos, basándose en los Evangelios y  textos escritos por los Padres de la Iglesia. Esta obra fue una de las más copiadas en la Edad Media y una de las más difundidas antes de finales del siglo XV, ayudando así a la creación de una extenso imaginario iconográfico y, por ende, de una iconografía.

La Legenda Aurea se basa en la descripción de los episodios mencionados anteriormente, permitiendo así la comprensión del porqué Magdalena aparece representada descalza, con un vestido debajo la túnica de características muy modestas, como si se tratase de piel sin curtir propio de ascetas y eremitas, unos cabellos rubios ondulados muy largos y sujetando un tarro de cerámica en el que guardaba los ungüentos. Varazze también cuenta que María Magdalena, su hermano Lázaro y Maximino, uno de los setenta y dos discípulos, viajaron en barca por el mar Mediterráneo, desembarcando en un lugar conocido como “Saintes – Maries de la Mer”, cerca de Arles, en la Provenza. María Magdalena viajó hasta Marsella refugiándose en una cueva conocida como la “Sainte Baume” para realizar una penitencia durante treinta años con el fin de expiar sus pecados. Durante estos años los ángeles la atendieron y cuidaron, ya que el paraje donde habitaba era yermo, estando desprovisto de agua y plantas con las que saciar su sed y hambre. De este modo se puso de manifiesto que Dios le facilitaba el alimento cada mañana, cuando los ángeles despertaban la santa con su canto. La actitud de asceta permite entender que María Magdalena aparezca representada siempre en un entorno rocoso y agreste con los pies descalzos y un rudo vestido que la cubre. La túnica púrpura que se posa sobre sus hombros -propia de altas dignidades- es uno de sus atributos por ser la primera en conocer el milagro de la resurrección de Cristo y en difundirlo a los Apóstoles.

Apreciando el detallismo y delicadeza con los que Joan Reixach pinta la tabla de María Magdalena es lógico pensar que el pintor y la Valencia del siglo XV, también, conocieran la tradición literaria relativa a la santa, teniendo en cuenta, además, que el gran poeta valenciano de la segunda mitad del siglo XV, Joan Roís de Corella, dedicó una de sus obras a este personaje de tan ricos matices en su obra  Història de la gloriosa santa Magdalena.

Por lo tanto no sería descabellado pensar que un pintor de tan alta calidad como Joan Reixach pudiese haber tenido conocimiento de tal obra y utilizarla como medio de inspiración.

Para finalizar, es importante  señalar que la tabla de María Magdalena se puede asociar  con otras pinturas que configuran  el corpus de obra de Joan Reixach, como la de Santa Margarita, (1456) antiguamente en la Colección Torelló y actualmente en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Barcelona) – fig. 3- o la tabla central del retablo de santa Úrsula y las once mil vírgenes (1468)procedente del Monasterio de Poblet, conservada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Barcelona) – fig. 4-.

                             

Fig. 3. Santa Margarita (1456). Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Fig. 4. Tabla central del retablo de Santa Úrsula y las once mil vírgenes (1468). Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya.

 

Mª Antonia Alsina Alsina
Licenciada en Historia del Arte
Doctoranda en Arte Medieval