MODA Y ARTE

“Los embajadores” Hans Holbein el joven. 1533. National Gallery

 

Hasta el 11 de mayo se puede visitar en la National Gallery de Londres la exposición “Strange Beauty: Masters of the German Renaissance” (Belleza Extraña: Maestros del Renacimiento Alemán).

La exposición hace una nueva mirada a la colección de pinturas del Renacimiento Alemán de la National Gallery, así como de otras colecciones públicas británicas, estudiando como estas obras fueron percibidas en su época y en el pasado reciente, y como son vistas hoy en día.

 

En la exposición se narra uno de los episodios más terribles y sorprendentes de la historia de la National Gallery: La venta de pinturas impuesta por el estado por el hecho de que eran Alemanas. Se explica la venta de 37 obras en 1856. Fue la primera y única vez que el parlamento hizo una ley para que el museo se deshiciera del exceso de pintura alemana.

El principal problema fue que durante gran parte de los siglos XIX y XX, el arte alemán se consideraba feo y sin duda, enormemente inferior a cualquier cosa producida en Italia.

En 1854, William Gladstone, entonces ministro de Hacienda, compró para el museo 64 pinturas del renacimiento alemán de los siglos XV y XVI. Se consideró un escándalo. Un periódico las llamó “espantosas” y un parlamentario dijo que era “la peor compra de la historia” y ¿en que estaba pensando el museo?

Había una idea de lo que debía ser coleccionado y lo que debía admirarse. Y las pinturas alemanas no encajaban en esta idea. El Patronato del museo decidió que había que deshacerse de ellas. Eso dio lugar a una ley del parlamento permitiendo la venta de las obras y 37 pinturas fueron vendidas, incluyendo la mayor parte de un retablo de la abadía benedictina de Liesborn en Alemania.

Maestro del retablo de San Bartolomé, “San Pedro y Santa Dorotea”. Probablemente 1505-10. National Gallery

 

Esta historia nos sirve para recordar como la moda cambia, incluso para la pintura antigua (en el siglo XIX pintores como Caravaggio, Vermeer o El Greco eran apenas apreciados y no tenían mucho valor). Piensen en esto la próxima vez que una pintura antigua de tema religioso aparezca en una subasta, con una calidad pictórica excepcional pero mal comprendida y mal valorada por su temática.