Perdidas en el tren

Una historia curiosa leída en El País.

En 1975, un trabajador de la Fiat fue a una subasta de objetos perdidos organizada por los Ferrocarriles Italianos en Turín.

Pagó 45.000.- liras (equivalentes a 38 euros, unos 360 euros en la actualidad) por dos cuadros que le llamaron la atención: una naturaleza muerta y la pintura de una mujer sentada en su jardín.

Durante casi 40 años, el hombre (cuyo nombre no se ha hecho público) tuvo los cuadros colgados en la cocina. Los cuadros le acompañaron a Sicilia cuando después de su jubilación se trasladó a vivir a la isla. En ningún momento hasta el año pasado no se dio cuenta de la ganga que había comprado.

Ahora se ha sabido que las pinturas son obras de Paul Gauguin y Pierre Bonnard. La pintura de Gauguin (una naturaleza muerta de 1869) podría tener un valor de entre 10 y 30 millones de euros. La obra de Bonnard “Femme aux deux fauteuils” (mujer con dos sillones) se cree que tiene un valor aproximado de 600.000.- euros.

Fue el hijo del jubilado que estudia arquitectura en Sicilia, quien viendo un libro sobre la pintura de Paul Gauguin, se percató del gran parecido entre las naturalezas muertas del libro y la pintura que había estado toda la vida colgada en la cocina de su casa. Empezó a preguntar aquí y allá hasta que la noticia, a través de los expertos consultados, llegó a oídos de los agentes de los Carabinieri encargados de la protección de los Bienes Culturales.

Las pinturas, que fueron dadas a conocer ayer por las autoridades italianas, resulta que fueron robadas en 1970 a Terence Kennedy, viudo de Mathilda Marks, hija del cofundador de Marks & Spencer.

 

Parece ser que las pinturas después del robo fueron trasladadas de París a Turín en tren y fueron abandonadas en el tren quizá por los controles en la frontera.

 

Noticia en el “Observer” al día siguiente del robo

Lo que no está muy claro es a quien pertenecen, Mathilda Marks y su marido Terence Kennedy murieron sin dejar descendientes y no se sabe quien puede ser el heredero de las pinturas.

Quizá deberían devolverse a la persona que apostó por ellas y fue la única que apreció la belleza y calidad de ambas obras en la subasta.