DIEGO DE LA CRUZ

El apóstol Tomás

Pintura al óleo sobre madera
Segunda mitad del s. XV
116 x 49 cm
Colección particular, Barcelona

Diego de la Cruz fue uno de los pocos artistas de nombre conocido entre los representantes de la pintura hispano-flamenca burgalesa. Aunque vecino de esta ciudad, se le supone un origen flamenco por el conocimiento de la pintura nórdica que se percibe en sus obras, especialmente por la influencia de Rogier van der Weyden. En la pintura de retablos logró la máxima verosimilitud en cada imagen y detalle, a través del color y el empleo de varios procedimientos plásticos, consiguiendo un efecto de esculto-pintura de ricos efectos. Cuando se conoció su nombre se le consideró como escultor al colaborar con Gil de Siloé en la pintura y el dorado de algunos de sus retablos de talla.

Santo Tomás se presume que era judío y nació en Galilea. Suele ser recordado por su incredulidad. Éste afirmó que no creería en la resurrección de Jesús hasta que pudiera ver la señal de los clavos en sus manos e introdujera su mano en el costado de Cristo, esta forma de actuar nos puede llevar a pensar que era un rebelde, pero no, tras manifestarse Jesús en persona asumió su misión con más vigor que antes. Se presume que el último período de su vida lo pasó predicando en la India, donde fue martirizado.