ESCUELA CATALANA S. XIV

El Profeta Daniel

Piedra caliza con policromía original
107 cm. de altura
Lleida – Tarragona, ca. 1340

Jaume Cascalls nació en Berga (Barcelona), a comienzos del siglo XIV y se cree que murió en la misma ciudad, en 1378. Casado con la hija del pintor Ferrer Bassa, las dos familias monopolizaban todos los encargos de la corte. La obra más antigua que se le atribuye es el retablo de la Virgen María de la Iglesia de Cornellá de Conflent, que data del 1345 y lleva grabado su nombre. Pero a la que dedicó la mayor parte de su vida fue a la de los sepulcros de Poblet, un encargo de Pedro el Ceremonioso. En dicha localidad tarraconense empezó a trabajar en 1349, junto al maestro Aloi de Montbrai, y no acabaría hasta 1373. En 1360 fue nombrado maetro de obras de la catedral de la Seu Vella de Lérida, ciudad a la que se trasladó. Una década después volvió a trabajar a Tarragona, tanto en la catedral como de nuevo en Poblet.

La escultura representa una figura de pie portando una túnica y una capa suelta encima. La figura se encuentra bastante estática, pero gesticula con su mano derecha, señalando la inscripción en la filacteria que sostiene con su mano izquierda, cosa que nos permite identificarle.

El personaje del profeta Daniel, figura del Antiguo Testamento, es inusual en el contexto del siglo XIV, siendo este un periodo gótico, al menos como una escultura independiente.

Aunque Daniel ha sido varias veces representado sin barba y con una figura juvenil (como en el Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela y su homónimo en el Pórtico de Paraíso en la catedral de Ourense), en esta pieza tiene barba y pelo largo, como los demás profetas del Antiguo Testamento. La escultura aun retiene gran parte de la policromía original. En el exterior, la túnica y la capa son blancas y están bordeadas en rojo, aunque no se puede descartar la posibilidad que el borde estuviese originalmente bañado en oro.

A pesar de que su altura se tiende a asociar con el contexto de una imagen devocional, este origen debe ser descartado porque Daniel nunca es encontrado como una figura aislada.

Los rasgos estilísticos usados en la ejecución del rostro del profeta Daniel hablan especialmente de forma elocuente sobre la afiliación formal de la escultura. Su cabeza aparece alongada, un rasgo acentuado por la barba y sus largos ojos saliendo de su cara, con la línea de sus párpados bien definida. Además, muestra la característica única de que en el globo ocular, el escultor utilizó la técnica de la perforación para marcar las pupilas, una técnica extraordinariamente inusual en la escultura española del siglo XIV.

Otro elemento significativo que aparece al observar otros detalles de la imagen es el perfil de la nariz. No hay duda que el maestro ha otorgado a Daniel una nariz judía. El Cristianismo emerge del Judaísmo, y por eso este rasgo facial específico era común en los miembros de la gente escogida.

La escultura debe situarte en este contexto. Parece claro que existía un deseo de subrayar la natura de esta figura en relación al Antiguo Testamento. El profeta Daniel era judío de nacimiento, religión y cultura y por eso, le fue dada una fisionomía que encajaba en este perfil. Es un detalle de erudición iconográfica, claramente poco frecuente entre los artistas del Gótico.