JUAN REIXAC

Santa María Magdalena

 

Pintura al óleo sobre madera
129 x 53,5 cm.
Valencia, c. 1470
Procedencia: Colección particular, Viena

 

La santa aparece representada de cuerpo entero, descalza, en ligera posición de tres cuartos. La cabeza muestra una posición levemente inclinada, con la mirada dirigida hacia abajo denotando humildad. Sostiene con su mano izquierda el tarro de perfumes, mientras con la derecha parece contar las cuentas de un largo collar que cuelga de su cuello. La santa viste una túnica marrón tejida con piel de camello, lo que remite al eremitismo que practicó. Por encima luce un manto rojizo de generosos pliegues quebrados y que se cierra a la altura del pecho con un rico broche con pedrería y perlas. El ribete aparece delicadamente decorado con motivos dorados de tipo vegetal. La figura se ubica ante un profundo paisaje que incluye una ciudad y diversos accidentes geográficos. Por encima, en substitución del cielo, aparece un fondo dorado que incluye el nimbo de la santa, decorado a punzón.

El estilo de la pintura remite directamente al del pintor valenciano Joan Reixac. En este sentido, el rostro de la Magdalena presenta las mismas características que el del San Miguel probablemente originario de Burjasot (Valencia) hoy conservado en la Galleria Parmeggiani de Reggio Emilia, fechado hacia 1442-1444[1]. Debe mencionarse también la Santa Margarita probablemente procedente de Bocairent (Valencia), hoy conservada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya[2], que muestra una mirada baja similar y rasgos fisionómicos muy parecidos[3]. La posición de la cabeza y la forma de perfilar las cejas, barbilla, nariz y boca de nuestra Magdalena las reencontramos en el rostro de la Virgen que preside el tríptico del Städelsches Kunstinstitut de Frankfurt amb Main[4], que deviene uno de los paralelos estilísticos más claros para nuestra tabla. Lo mismo puede decirse del rostro de la Virgen en el compartimento de la imposición de la casulla a San Ildefonso del retablo de Santa Ana de la colegiata de Xàtiva (Valencia)[5]. En este mismo retablo vemos en su tabla principal como la Virgen luce un collar similar, en este caso negro, del que sostiene algunas de las cuentas realizando idéntico gesto.

El tipo de representación que adoptó el pintor debió tener un cierto éxito en su taller y, por extensión, en el contexto valenciano. A parte de estos dos ejemplos debe citarse una tabla hoy conservada en Museo de la Colegiata de Xàtiva[6], donde la santa luce una túnica y manto con broche muy parecidos, va igualmente descalza y adopta una posición similar a la de la tabla que estudiamos. La forma en que sostiene el frasco de perfumes es igualmente análoga. Entre las obras de otros maestros, responde a un modelo similar la Magdalena que hallamos en una tabla con San Lázaro y sus hermanas Marta y Magdalena del Museo Lázaro Galdiano, atribuida al Maestro de Perea (inv. 2882)[7]. No debemos olvidar que la Magdalena fue una santa con una profunda devoción en tierras valencianas, como demuestra el hecho que Joan Roís de Corella le dedicase una de sus obras hagiográficas, la Història de la gloriosa santa Magdalena, publicada hacia 1490-1492[8]. En la ciudad de Valencia existía, además, un monasterio de dominicas dedicado a la Magdalena, para el que Joan Reixac contrató el retablo mayor en 1486[9].

Uno de los aspectos más significativos de la tabla, es el paisaje de inspiración flamenca que recuerda a los que hallamos en numerosas obras de Reixac, como el del Calvario de la colección Masaveu[10], procedente de Banyeres de Mariola (Alicante); el San Miguel del retablo de Rubielos de Mora, en el Museu Nacional d’Art de Catalunya[11]; dos compartimentos de retablo con parejas de santos, de colección particular; o el San Francisco recibiendo los estigmas de la antigua colección Balanzó[12]. La combinación del paisaje con un fondo dorado reaparece en la otra Magdalena estudiada en este catálogo, así como en el san Juan Bautista y en el san Miguel del retablo de la Eucaristía procedente de la cartuja de Valldecrist[13]. Todas ellas son figuras imponentes y monumentales muy propias del pintor. Sin la presencia del paisaje, las volvemos a ver en el San Antonio Abad de la antigua colección Várez Fisa, hoy en el Museo del Prado (inv. P-8122)[14]; o en la Santa Elena y el San Sebastián del Museo de la Colegiata de Xàtiva[15].

 

 

 

 

[1] Véase un detalle en Company 2018, p. 225, fig. 5.11. Sobre esta obra, véase Ferre 1997 y Gómez 2001d, así como las reflexiones de Company-Puig 2007c y Company 2018, pp. 223-225 y 241-242, donde se defiende una posible intervención exclusiva de Jacomart o bien, en la publicación más reciente, una intervención doble de Jacomart y Reixac.

[2] Ferre 1997; Benito 2001, p. 39, fig. 18; Company-Puig 2007d, que la relacionan con Jacomart.

[3] González 2003.

[4] Company 2001; Gómez 2001e.

[5] González 2003. Un detalle de dicho rostro en Company 2001, p. 336, fig. 48f.

[6] Cebrián 2007.

[7] Post 1935, p. 281, fig. 108.

[8] Juan-Mompó 1999.

[9] Benito 2001, p. 44.

[10] Ferre 2004.

[11] Un detalle en Montolío 2003b, p. 224.

[12] Las dos últimas reproducidas en Gómez 2001f, p. 66, figs. 53-54 y p. 69, fig. 60.

[13] Gómez 2001a; Gómez 2001b; Gómez 2001c; Montolío 2003b.

[14] Silva 2013, pp. 34-35.

[15] Toscano 2001; Company-Puig 2007b.