JUAN SÁNCHEZ DE SAN ROMÁN

Camino del Calvario

Pintura al óleo sobre madera
Último cuarto del siglo XV
107,5 x 84 cm
Sevilla

Procedencia: Portugal, colección Bustorff Silva (etiqueta en la parte posterior).

La tabla, posiblemente un compartimento de predela, muestra uno de los episodios de la Pasión, el de Jesús dirigiéndose hacia el Calvario para ser crucificado. Cristo aparece en el centro cargando con la cruz, que apoya sobre su espalda y que sujeta con ambas manos por el travesaño. Su rostro se ubica casi en el centro del plano pictórico, justo en el punto donde se entrecruzan los brazos de la cruz. El peso del madero le obliga a flexionar el cuerpo. El esfuerzo se nota en su rostro, que a pesar de la apariencia serena, deja entrever un evidente cansancio. Jesús va descalzo y luce una túnica rojiza que muestra abundantes pliegues quebrados, propios de la tradición flamenca. En la cabeza lleva la corona de espinas y se aprecia como la sangre baña su frente. El nimbo se realizó con pan de oro, presenta decoraciones punzonadas y se perfiló en negro. El episodio transcurre en un sencillo exterior, del que solamente vemos el suelo grisáceo con escasa vegetación y un montículo verde, mientras que en el fondo aparece un dorado que se dispone entre los dos arcos que forman las reservas azuladas de la desaparecida mazonería.

Destaca la presencia de un elevado número de soldados, equipados con picas, lanzas y otras armas que les sirven para martirizar y dificultar la marcha del Hijo de Dios. Uno de ellos, efectuando un cuidado gesto, sostiene una cuerda con un lazo que se ata al cuello de Jesús. Por debajo de la armadura le sobresale una camisa interior blanca, con pliegues, que vuela elegantemente. Un segundo soldado pasa su pierna por encima del mástil de la cruz mientras se dispone a golpear a Cristo en la espalda con un garrote. Luce una cota de malla realizada con un tratamiento preciosista de las luces y los sombreados. Un tercero sostiene un estandarte donde se distinguen unas inscripciones ilegibles rematadas por sendas coronas doradas, mientras que otro sostiene un aparatoso escudo rojo con el borde dorado donde podía leerse una inscripción, hoy parcialmente perdida. El resto de soldados se disponen en diferentes lugares de la composición adoptando actitudes diversas.

El Camino del Calvario es uno de los episodios habituales en los ciclos dedicados a la Pasión, y uno de los más explícitos en cuanto al sufrimiento al que fue sometido Cristo. La historia aparece recogida en los cuatro evangelios (Mateo 27: 31-33, Marcos 15: 20-22,​ Lucas 23: 26-32 y Juan 19: 16-18). Estas escenas de gran dramatismo buscaban conmover al fiel que rezaba ante ellas. Así lo indican el rostro ensangrentado de Jesús, o la crueldad y violencia con que es tratado el Hijo de Dios, a quien se le ata por el cuello y es arrastrado como un animal[1]. La violencia y la brutalidad de los torturadores se pone de manifiesto en los salmos y los textos evangélicos, tema sobre el cual abundaron diversas fuentes cristocéntricas posteriores, llegando a equiparar a dichos torturadores con animales. En el caso del episodio que nos ocupa, donde se muestra a Cristo rodeado de judíos fuera de sí, el salmo 21 recordaba que “circundederunt me canes multi” (me rodearon muchos perros), que impidieron a María acercarse a su Hijo[2]. Es muy significativo, además, que hayan desaparecido todos los personajes positivos que acostumbran a estar del lado de Jesús, como María y san Juan Evangelista, Simón de Cyrene o la Verónica.

El pintor ha puesto sumo cuidado en la representación de las armaduras y yelmos, que destacan por potentes reflejos que ponen de manifiesto la pericia del pintor y su filiación al lenguaje nórdico. Es especialmente significativo que a muchos de los centuriones, que visten como soldados medievales, no les veamos el rostro, o que solo lo hagamos parcialmente. Ello refuerza su carácter negativo. El pintor quiso esconder sus rostros y representarlos de espaldas, sin dar la cara, para presentarlos como traidores. El ejemplo más evidente, con todo, es el único personaje que no es un centurión. Aparece a la izquierda de la composición luciendo un bonete blanco y rojo y levantando su pierna derecha mientras parece rascarse la pierna o ajustarse las calzas. La indumentaria que viste refuerza su carácter negativo, un sayo con flecos decorado con rombos y triángulos rojos y amarillos, dos colores que en la edad media se asociaban habitualmente a los judíos[3]. Asimismo, el hecho que aparezca completamente de espaldas podría ser una alusión a la imagen del necio, aquél que no reconoce la palabra del Evangelio y que niega la naturaleza divina del Hijo de Dios[4].

El estilo apunta a Juan Sánchez de San Román, de quien conservamos dos obras más sobre tabla, estas autógrafas, un Calvario con santos y donante de la catedral de Sevilla, y un Cristo Varón de Dolores conservado en el Museo del Prado. En la primera hallamos rostros que pueden compararse con algunos que aparecen en el Camino del Calvario, como el de san Juan Evangelista que, por posición y rasgos, lo asociamos al del soldado que levanta la cabeza en nuestra tabla. El de la Magdalena, por su parte, muestra unas facciones equiparables a las del soldado que sostiene el escudo. En cuanto a la tabla del Museo del Prado, su formato peculiar ―es una obra devocional― impide efectuar comparaciones válidas. A Sánchez de San Román se han asociado también un conjunto de tablas conservado en la iglesia de San Andrés de Baeza (Jaén)[5], donde aparte de encontrar buenos paralelos para el rostro de Cristo, vemos que algunos de los compartimentos presentan en la parte superior la misma reserva azul doble para la mazonería. Finalmente, y debido a su estado de conservación, no podemos efectuar comparaciones válidas con la pintura mural que muestra la Anunciación en el monasterio de San Isidoro del Campo (Sevilla), igualmente firmada[6].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Marrow 1979, pp. 163-164; Velasco 2018d.

[2] Marrow 1977, p. 174.

[3] Pastoureau 1989; Velasco 2018c.

[4] Philip 1953.

[5] Serrera, 1987, p. 83.

[6] Respaldiza 2018, pp. 549-550, fig. 16.14.

Museo del Prado.