Santa María Magdalena

El personaje de María Magdalena desde el principio del cristianismo ha resultado altamente enigmático y sugerente. La figura de María Magdalena unifica en su sola persona los rasgos y hechos de tres mujeres que aparecen en diversos pasajes del Evangelio, sin que el texto las relacione ente si, pero la tradición supone que son una misma.

Joan Reixach. Santa María Magdalena. Pintura al óleo sobre madera. 97 x 59 cm. Valencia, hacia 1455 – 65. Galería Bernat

 

En el Evangelio de Lucas (Lc 7, 36-50) aparece como una mujer pecadora que llevando un bote de ungüentos se arrodilló delante de los pies de Cristo, lavándoselos con sus lágrimas, secándoselos con sus cabellos y ungiéndolos con ricos aceites.

Mateo (Mt 26, 6-13), Marcos (Mr 14, 3-9) y Juan (Jn 20, 11-18) también presentan el episodio en que María Magdalena ungió los pies de Cristo con nardo – cuyo aceite era un producto de elevado precio- y le enjuagó los pies con sus largos cabellos mientras cenaba en casa de Lázaro en Betania.

Además es Juan quien relata como Cristo se apareció a Magdalena después de haber resucitado, siendo la primera en anunciar el milagro a los apóstoles.

Quentin Matsys. Santa María Magdalena. Óleo sobre madera. 45 x 29 cm. Museo de Bellas Artes de Amberes

 

A partir de los pasajes dedicados a María Magdalena en el Nuevo Testamento, se configuró una determinada hagiografía que se extendió y difundió gracias a la obra que escribió Jacoppo da Varazze (obispo de Génova), a mediados de siglo XIII conocida como Legenda Aurea, en la cual se describía la vida de santos y mártires cristianos, basándose en los Evangelios y textos escritos por los Padres de la Iglesia. Esta obra fue una de las más copiadas en la Edad Media y una de las más difundidas antes de finales del siglo XV, ayudando así a la creación de una extenso imaginario iconográfico y, por ende, de una iconografía.

A María Magdalena usualmente se la representa con unos cabellos rubios ondulados muy largos y sujetando un tarro de cerámica en el que guardaba los ungüentos.

Joan Reixach. Santa María Magdalena. Pintura al óleo sobre madera.129 x 53,5 cm. Valencia, c. 1470. Galería Bernat

 

Varazze también cuenta que María Magdalena, su hermano Lázaro y Maximino, uno de los setenta y dos discípulos, viajaron en barca por el mar Mediterráneo, desembarcando en un lugar conocido como “Saintes – Maries de la Mer”, cerca de Arles, en la Provenza. María Magdalena viajó hasta Marsella refugiándose en una cueva conocida como la “Sainte Baume” para realizar una penitencia durante treinta años con el fin de expiar sus pecados. Durante estos años los ángeles la atendieron y cuidaron, ya que el paraje donde habitaba era yermo, estando desprovisto de agua y plantas con las que saciar su sed y hambre. De este modo se puso de manifiesto que Dios le facilitaba el alimento cada mañana, cuando los ángeles despertaban la santa con su canto.

 

El Greco. María Magdalena penitente. Óleo sobre tela. 109 x 96 cm. c. 1590. Museo Cau Ferrat, Sitges

La actitud de asceta permite entender que María Magdalena aparezca representada siempre en un entorno rocoso y agreste con los pies descalzos y un rudo vestido que la cubre. A veces la cubre una túnica púrpura que se posa sobre sus hombros -propia de altas dignidades- es uno de sus atributos por ser la primera en conocer el milagro de la resurrección de Cristo y en difundirlo a los Apóstoles.