¿Un nuevo Murillo?

A finales del año pasado surgió la noticia del descubrimiento de una nueva obra de Bartolomé Murillo. La había comprado hace unos años un párroco, Joaquín Caler. Enrique Pareja López (antiguo director del Museo de Bellas Artes de Sevilla) y el restaurador Manuel Chiappi afirmaban que se trataba de una obra original de Bartolomé Estaban Murillo. El cuadro en este momento está depositado en el museo de la Catedral de Guadix.

Con las atribuciones de pintura antigua hay que ser muy cuidadoso, puede parecer que un director de museo, un catedrático o un profesor de historia del arte tiene los suficientes conocimientos para certificar la autenticidad de una obra, pero no funciona así, solo unos pocos especialistas entienden de verdad sobre la obra de un pintor, a veces solo hay un experto reconocido. Para ampliar el catálogo de un autor es necesario que haya consenso entre los dos o tres especialistas reconocidos. ¿Quién elige a los expertos? Los principales estudiosos de un artista son elegidos por la comunidad científica, que reconoce que ellos son los que más y mejor han estudiado y publicado sobre el artista, y también por el mercado del arte, son los expertos en que confían tanto compradores, comerciantes como las grandes casas de subastas internacionales.

En el caso de Murillo uno de los grandes expertos sobre su obra es Enrique Valdivieso, por otro lado un destacado estudioso en pintura española del siglo XVII es Benito Navarrete. Los dos gozan de un gran prestigio internacional. Resulta que los dos expertos no creen que esta obra sea de Murillo.

                 

Murillo Heckscher                                                              Murillo Guadix

Benito Navarrete escribe en su blog: “la pintura tiene la característica dureza y sequedad en el rostro del Cristo de una copia de época.” Y cree que no es más que una copia del original procedente de la colección de August Heckscher y hoy en el Heckscher Museum en Huntington Nueva York. “Esta pintura reconocida como el original de Murillo desde los tiempos de August L. Mayer, 1923, fue publicada por Diego Angulo en 1981 en su catálogo razonado de Murillo (vol II, nº 1531) y recientemente por Enrique Valdivieso en el suyo (2010, p. 437, nº 248)”. (Lo más curioso del caso es que en el Heckscher Museum no tienen el cuadro catalogado como auténtico sino como obra de un seguidor de Murillo). Al final Benito Navarrete concluye: “No hay más que comparar los dos rostros de Cristo para advertir la mayor sequedad y dureza del de Guadix y la delicada y sedosa pincelada tan característica de Murillo en el hoy conservado en el Heckscher Museum. En este tipo de obras pintadas en torno a 1660-1665 su pincelada y la atmósfera que crea son inigualables y tienen como obra cumbre el soberbio Ecce Homo de la colección Francis Cook de Londres”.

Según el “The Art Newspaper”, Enrique Valdivieso, que ha estudiado la pintura de Heckscher, cree que la pintura de la catedral de Guadix es una de las muchas versiones realizadas por el taller de Murillo para poder satisfacer la demanda de estas telas en el siglo XVII. Cuando los españoles ricos encargaban estas obras para sus oratorios privados. “La destreza de Murillo es mucho mayor que la que la pintura de Guadix nos enseña”, dice Valdivieso. Incluso la obra de Heckscher nos muestra que Murillo no la hizo completamente solo, añade, pero es aún la mejor versión que ha sobrevivido del Ecce Homo.

En todo caso los lectores pueden comparar las dos pinturas y sacar sus propias conclusiones, nosotros creemos que los dos expertos tienen razón y la pintura del Heckscher Museum tiene mucha más calidad que la pintura de Guadix, que parece de taller.