Una obra vendida en Maastricht

Esta pintura de Bernardo Strozzi “La cena de Emaús”, también estaba en la feria de Maastricht la semana pasada en el stand de Otto Naumann de Nueva York. La pintura la compró Naumann en Christie’s Londres en diciembre, por 1,5 millones de dólares. En Maastricht pedía 3,5 millones y la vendió.

¿Qué había pasado?, ¿Naumann había engañado a su cliente?, ¿El comprador había pagado mucho más de lo que valía?, ¿El cliente sabía que se había subastado unos meses antes?, ¿Porqué no había comprado la pieza en la subasta?

Nada de todo esto. Fue una apuesta arriesgada de Naumann que le salió bien, si se hubiera equivocado podría haber perdido gran parte de los 1,5 millones. “Sé que fue temerario, fue una de las apuestas más grandes de mi vida, como si estuviera lanzando los dados”, dijo Otto Naumann, “la pintura era tan oscura que parecía como si hubiera estado en un incendio. Había dos capas de barniz con la suciedad atrapada en medio de ellas.” Sin embargo si se lograba limpiar bien, pensaba Naumann, tendría una joya en las manos. Su restaurador pasó meses quitando la suciedad y el barniz y al final descubrió una escena muy detallada de Jesús en la mesa repartiendo el pan.

Este es el trabajo de los anticuarios: ver mas allá. Intentar imaginar como puede estar la obra bajo los repintes, las capas de suciedad y el barniz. Después con la ayuda de los restauradores conseguir devolver las obras a su estado original (a veces los repintes y suciedad esconden una obra maltratada y como el estado original es deficiente la obra pierde mucho valor).

En el caso del Strozzi, el cliente nunca hubiera comprado la pintura en la condición en que estaba al salir a subasta, aunque por su estado el precio era inferior. El coleccionista seguramente quería una buena obra de Strozzi en perfecto estado, sin el riesgo de equivocarse y por esto pagó su precio de mercado. No podía dedicarle ni el trabajo ni el tiempo que le dedica un comerciante profesional.